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Que la Iglesia Católica siempre estuvo en el punto de mira de todas las corrientes revolucionarias a lo largo de la Historia es un hecho incuestionable. Que en los últimos años, igual que en los primeros años del siglo pasado, está siendo atacada desde todos los frentes habidos y por haber; además de ser un hecho incuestionable es un hecho lamentable y extremadamente preocupante para muchos católicos. Y digo para muchos porque, desgraciadamente, ese hecho pasa desapercibido y sin importancia para muchos que se autodenominan católicos.
Ser católico no es lo mismo que ser creyente. Ni siquiera podría llegar a ser sinónimo de ser cristiano. Se puede creer en Jesucristo y no ser católico pero para ser católico, además de creer en Jesucristo hay que cumplir los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia, por lo que el “católico no practicante”, no existe. Y si existe, no pasaría de ser un auténtico mamarracho de católico.
– ¿Tú entonces, qué prefieres ser, cristiano ó católico?.
– No, mire usted, yo prefiero ser carlista, porque siendo carlista soy a la vez cristiano, católico, patriota y monárquico…



Igualito que los que ocupan el trono y el gobierno ahora…


Había una vez un país muy lejano que, tras una cruenta guerra, estuvo treinta y seis años gobernado por un dictador que, aunque dictador, con sus pros y sus contras, había mantenido la paz en todo su territorio, había conseguido que sus habitantes viviesen en relativa armonía trabajando a una por levantar su diezmada sociedad y había preparado como sucesor a un “delfín” que creía formado a su imagen y semejanza.
Tengo que confesar que oí hablar por primera vez de “El Yunque” hará cosa de dos meses. Para mí hasta entonces, su significado no había pasado de ser algo más que un instrumento de herrería, una parte del oído interno y el apodo de un “bailaor” de flamenco. Mi ignorancia sobre cualquier otro tipo de significado que pudiese adquirir este instrumento era, y aún hoy es, casi absoluto.