Resultados PISA: La educación no pertenece al Estado

Los resultados de PISA vuelven a confirmar lo que ya nadie que conozca nuestras aulas puede ignorar: la educación española ha fracasado.

El fracaso se ceba en los aspectos más elementales del saber: enseñar a leer y comprender, escribir, calcular, conocer y razonar. Y, ante cada nuevo fracaso, asistimos al mismo ritual: los partidos se culpan entre sí, defienden sus respectivas leyes y anuncian la próxima reforma, pero todos pecan de lo mismo. Llevamos décadas haciendo lo mismo: Décadas convirtiendo a nuestros hijos en cobayas de un experimento ideológico permanente, movido por una perspectiva economicista y utilitarista marcada por la Unión Europea, donde la persona solo es considerada por su capacidad de consumir y servir al mercado. Tanto la OCDE como la UE piensa en nuestros hijos como capital humano, como un sujeto provisto de capacidades productivas susceptible de inversión, depreciación y rendimiento. Es en este marco que se crean las llamadas competencias, que solo esconden la adecuación entre formación y un mercado laboral que anula a la persona.

La premisa que debe regir toda reforma de la educación es la que marcaba Nuccio Ordine en su obra La utilidad de lo inútil, esto es, la idea de utilidad del saber cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista. El valor de cualquier tipo de saber —tanto científico como humanístico— debe coincidir con el saber en sí, independientemente de la capacidad de producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos.

Aunque el informe PISA acierta en la bajada de los niveles de lectura, matemáticas y ciencias esconde una perversión: bajo el nombre de ciencias evalúa la aplicación de unos pocos esquemas a contextos cotidianos, no la arquitectura conceptual y no somete a prueba conocimientos como Química, Geología, Ciencias de la salud; soslayando además saberes fundamentales para el desarrollo de una conciencia crítica: Filosofía, Historia, Literatura, etc. Es decir, obvia todo lo que no sirve a la concepción de la persona como capital productivo y a un fin utilitarista.

La ausencia de las premisas que valoran el saber en sí es la que hace fracasar cualquier sistema educativo. Cada generación de pedagogos —gurús iluminados que no conocen la realidad del día a día en un aula de primaria o secundaria— presenta consecutivamente diversas teorías para justificar el emprendimiento de unas leyes educativas que buscan anular a la persona en cuanto que persona, anulando su posibilidad de desarrollo. Así, se abandona el conocimiento en favor de competencias, se sospecha del esfuerzo y de la memoria, se debilita la autoridad del docente y se rebaja progresivamente la exigencia. Y cuando los resultados llegan, se rebaja nuevamente el nivel para que el fracaso deje de parecer fracaso, convirtiendo la ignorancia en normalidad. Los que diseñan el sistema educativo actúan ante el fracaso como tahúres que proveen de títulos devaluados que no garantizan el dominio de los saberes necesarios, de diplomas que funcionan como fetiche: promesas de un ascenso que el sistema no puede cumplir para todos.

Además, esto encierra una paradoja, aquellos que para el ciudadano común prescriben unas metodologías absurdas y mantras como aprender a aprender y otros emotivismos, luego llevan a sus hijos a centros de élite donde reciben todo aquello que a los demás niegan: cultura del esfuerzo, profundización en los saberes, etc. De esa forma, se anula una de las premisas del sistema educativo: garantizar la igualdad de oportunidades para todos y ser un verdadero motor de equiparación social que permita la mejora de las condiciones de vida.

La eliminación en los planes educativos de los conocimientos sólidos, de la capacidad de razonamiento y pensamiento crítico convierte a la sociedad en una masa aborregada, vulnerable y expuesta a la manipulación por parte de los que diseñan el sistema educativo. Quieren ciudadanos dóciles, no personas comprometidas con el propio desarrollo y el de su patria que puedan denunciar las carencias de un sistema político y social que, desde hace ya mucho, hace aguas.

Nuestra crítica no se limita a una ley ni a un partido: La educación no pertenece al Estado, sino, primordialmente a la familia. Esta es la primera responsable de la formación de los hijos, que poseen, como recoge la Centesimus Annus de Juan Pablo II, el derecho de vivir en una familia unida y en un ambiente moral, favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad, en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona. La familia nunca ha ejercido esta responsabilidad en soledad: históricamente se ha apoyado en educadores, comunidades e instituciones que participaban de una tradición cultural y moral fundada en una concepción objetiva de la Verdad y del Bien.

La familia debe tener garantizada la libertad de acceso de sus hijos a un sistema que los provea de las herramientas que le permitan ejercer eficientemente su derecho de acceso al saber y a su desarrollo integral como persona. El ejercicio de dicha libertad, que no debe ser conculcada por el Estado, tiene sentido siempre que está ordenada a la Verdad y al Bien.

Rechazamos esa imposición de una burocracia estatal a todas las familias de una determinada concepción del hombre y de la educación, que está abocada a una uniformización mediante la anulación del individuo y su posibilidad de desarrollo como persona. No queremos otra ley que cambie con cada Gobierno. Queremos recuperar el conocimiento, el esfuerzo, la autoridad del docente y la responsabilidad de la familia.

Porque el desastre educativo no se solucionará entregando el laboratorio a otro partido. Se solucionará cuando dejemos de aceptar que la educación pertenece al Estado y a los fines mercantilistas y espurios que atentan contra la dignidad de la persona.

Francisco de la Puente Herrera.
Profesor de Secundaria.

Comunicado sobre los resultados del Informe PISA

Comunicado de la Junta Regional de la Comunión Tradicionalista Carlista en Andalucía Occidental. Descargar en pdf.

LA EDUCACIÓN NO PERTENECE AL ESTADO

10/06/2026 – Comunicado – CTC Andalucía

Los resultados de PISA vuelven a confirmar lo que ya nadie que conozca nuestras aulas puede ignorar: la educación española está fracasando.

Fracasa en aquello que debería ser elemental: enseñar a leer y comprender, escribir, calcular, conocer y razonar. Y, ante cada nuevo fracaso, asistimos al mismo ritual: los partidos se culpan entre sí, defienden sus respectivas leyes y anuncian la próxima reforma. Llevamos décadas haciendo lo mismo: décadas convirtiendo a nuestros hijos en cobayas de un experimento ideológico permanente.

Cada Gobierno modifica los planes de estudio. Cada generación de pedagogos presenta su nueva teoría. Se abandona el conocimiento en favor de competencias, se sospecha del esfuerzo y de la memoria, se debilita la autoridad del docente y se rebaja progresivamente la exigencia mientras se imponen criterios cada vez más economicistas y utilitaristas, que clasifican a la persona por su capacidad de producir, consumir y servir al mercado, olvidando su dignidad y su verdadera vocación. Y cuando los resultados llegan, se rebaja nuevamente el nivel para que el fracaso deje de parecer fracaso, convirtiendo la ignorancia en normalidad.

Y no es casualidad: una sociedad sin conocimientos sólidos y sin capacidad de razonamiento será aún más vulnerable a la manipulación que conviene a los mismos que diseñan el sistema educativo.

Nuestra crítica no se limita a una ley ni a un partido: la educación no pertenece al Estado.

Corresponde primordialmente a la familia, primera responsable de la formación de los hijos. Y la familia nunca ha ejercido esta responsabilidad en soledad: históricamente se ha apoyado en maestros, comunidades e instituciones que participaban de una tradición cultural y moral fundada en una concepción objetiva de la Verdad y del Bien. Una educación exigente y accesible es, además, una de las verdaderas herramientas de justicia social, facilitando la igualdad de oportunidades, la mejora de las condiciones de vida y la verdadera promoción de la persona.

Por eso tampoco confundimos libertad con indiferencia. La libertad no es licencia: sólo tiene sentido cuando está ordenada a la Verdad, al Bien y a la dignidad de la persona.

Rechazamos que una burocracia estatal pueda imponer a todas las familias una determinada concepción del hombre y de la educación. No queremos otra ley que cambie con cada Gobierno. Queremos recuperar el conocimiento, el esfuerzo, la autoridad del maestro y la responsabilidad de la familia.

Porque el desastre educativo no se solucionará entregando el laboratorio a otro partido. Se solucionará cuando dejemos de aceptar que la educación pertenece al Estado.

Junta Regional de la Comunión Tradicionalista Carlista en Andalucía Occidental.
www.carlismoandaluz.com
www.carlistas.es

La CTC en Andalucía Occidental apoya las manifestaciones por Ceuta

La Comunión Tradicionalista Carlista en Andalucía Occidental apoya la convocatoria de manifestaciones en defensa de Ceuta el próximo día 2, ante la grave situación que atraviesa la ciudad y el abandono de nuestras fronteras.

Ceuta es España. Y España tiene el deber irrenunciable de defender sus fronteras, proteger a sus pueblos y ejercer con dignidad su autoridad.

No deja de resultar paradójico que mientras nuestras fronteras son sometidas a una presión creciente, soldados españoles sean enviados a vigilar fronteras ajenas, en nombre de intereses y compromisos que parecen pesar más que la defensa de nuestra propia Patria.

Tampoco podemos ignorar la creciente evidencia de la sumisión de nuestros gobiernos a los intereses del estado de Marruecos, ni el silencio o la complicidad de buena parte de los partidos políticos, demasiado ocupados en sus disputas partidistas para defender con firmeza aquello que pertenece a todos.

No confiamos en que la mera alternancia de partidos vaya a resolver un problema que hunde sus raíces en el propio régimen político y en la ausencia de una verdadera búsqueda del bien común, deber de todo gobernante. España necesita un poder que gobierne pensando en España y no en los intereses de partido, de potencias extranjeras o de grupos económicos.

Por ello, llamamos a nuestros correligionarios y a todos los españoles de buena voluntad a participar, con firmeza y pacíficamente, en estas manifestaciones, a la vez que dejamos clara nuestra convicción de que la solución no puede venir del mismo régimen partitocrático corrupto que ha alimentado el problema.

Rosario por la Vida el sábado 29 de agosto

El próximo 29 será último sábado de agosto y por tanto convocamos al rezo público del Rosario por la Vida en Sevilla, en desagravio por todas las leyes contrarias a la vida y dignidad humanas y en rogativa por su total derogación.

Recordamos con esta convocatoria que hay verdades que no pueden ser objeto de acuerdo o debate partidista y que el regimen político que mercadea con ellas es ilegítimo.

La cita será, como de costumbre, a las 12 del mediodía en la Plaza del Triunfo, a los pies del Monumento a la Inmaculada Concepción.

Te esperamos.

Si los españoles no quieren trabajar en el campo, ¿por qué se van a Francia?

Cada año, cuando llega la temporada de la vendimia francesa, vuelve a repetirse una historia que debería hacernos pensar.

Miles de trabajadores andaluces —este año se habla de alrededor de 9.500— hacen las maletas, atraviesan España de sur a norte y cruzan la frontera para pasar varias semanas trabajando en los viñedos franceses.

Y entonces surge una pregunta bastante sencilla:

Si nos dicen que los españoles no quieren trabajar en el campo, ¿qué hacen todos esos andaluces marchándose a Francia para trabajar precisamente en el campo?

Es necesario revisar tantos de los discursos establecidos que mucha gente asume por simple repetición.Se nos dice insistentemente que «los españoles ya no quieren hacer esos trabajos». Que «la gente del campo prefiere vivir de subvenciones». Que para determinadas labores agrícolas no queda más remedio que recurrir a trabajadores llegados de otros países.

Pero quizá el problema no sea que falten personas dispuestas a trabajar. Quizá el problema sea en qué condiciones se les pide que trabajen.

Porque la gente del campo, como la de la ciudad, no rechaza el trabajo. Lo que rechaza es aceptar trabajos que no permiten vivir dignamente de ellos.

Un jornal que no alcanza para cubrir las necesidades básicas, jornadas extenuantes, alojamientos indignos y una incertidumbre permanente no constituyen precisamente una oferta irresistible.

Y aquí aparece, cada año, la paradoja: Los mismos trabajadores que, según algunos discursos, «no quieren trabajar» en los campos españoles están dispuestos a recorrer mil kilómetros para hacerlo en Francia.

¿Por qué?

Porque el trabajador responde a los incentivos, pero también tiene una dignidad y unas necesidades. Necesita que su trabajo le permita pagar una vivienda, mantener a su familia, criar a sus hijos y mirar al futuro con un mínimo de seguridad. No es una exigencia extravagante. Es el principio elemental de un salario justo.

El trabajador no puede ser una simple variable de coste.

El sistema capitalista ha impuesto una concepción de la economía en la que el trabajo aparece fundamentalmente como un coste que hay que reducir. Si el trabajador español resulta demasiado caro, se busca otro trabajador dispuesto a cobrar menos. Si producir aquí resulta demasiado costoso, se importa de países donde los salarios y las condiciones laborales son mucho peores. Si una explotación no resulta lo suficientemente lucrativa pagando un salario digno, se busca la forma de reducir el coste laboral.

Y después se nos explica que todo eso es simplemente «el mercado».

Nosotros negamos la mayor. El pilar principal no puede ser la satisfacción del mercado, sino la justa distribución de la riqueza. Una sociedad no puede organizar toda su vida alrededor de una única pregunta: ¿cómo conseguimos producir más barato?

Detrás de cada salario hay una persona. Detrás de cada trabajador hay una familia. Detrás de cada familia hay una comunidad. Cuando se abarata sistemáticamente el trabajo, no estamos simplemente reduciendo una cifra en una cuenta de resultados. Estamos haciendo más difícil que una persona pueda formar una familia, comprar una vivienda, mantener a sus hijos o permanecer en la tierra donde nació. Estamos destruyendo la comunidad.

Y cuando se utiliza la extrema necesidad de trabajadores extranjeros para presionar todavía más a la baja las condiciones laborales, tampoco se está haciendo un favor a esos inmigrantes. El inmigrante no deja de ser una persona con derecho a un trabajo digno porque haya nacido al otro lado de una frontera. El problema no es el trabajador extranjero. El problema es un sistema económico capaz de convertir la necesidad de unos y otros en una herramienta para reducir el precio del trabajo.

No queremos enfrentar a trabajadores.

Precisamente por eso, la respuesta no puede consistir en enfrentar al trabajador español con el inmigrante. Hay que mirar más allá.

El trabajador extranjero que llega buscando un futuro para sus hijos merece la misma dignidad que cualquier otro trabajador. Pero también la merece el temporero andaluz que no puede mantener a su familia con lo que se le ofrece en su propia tierra. Y ambos tienen algo en común: ninguno debería ser utilizado como mano de obra barata y como herramienta de manipulación de las condiciones.

La justicia social no consiste en decidir quién debe aceptar peores condiciones. Consiste en conseguir que las condiciones de trabajo sean dignas para todos.

Porque si una explotación sólo resulta rentable pagando salarios con los que un trabajador no puede vivir dignamente, quizá debamos empezar a preguntarnos si el problema está en el trabajador o en el propio modelo productivo.

El campo no necesita esclavos.

Desde la visión tradicional no podemos aceptar que la agricultura sea contemplada únicamente desde la lógica del rendimiento económico. La tierra no es simplemente un activo. El agricultor no es simplemente un empresario. El jornalero no es simplemente un coste. Y el trabajador inmigrante no puede ser una herramienta de presión para rebajar las condiciones laborales.

La economía está al servicio de la persona y de la sociedad, y no al revés.

Por eso defendemos un campo capaz de sostener familias, comunidades y pueblos; un campo en el que sea posible vivir dignamente del trabajo; un campo donde la propiedad esté suficientemente extendida y arraigada y donde el trabajador pueda aspirar, cuando las circunstancias lo permitan, a convertirse también en propietario.

Queremos un campo con agricultores, ganaderos, propietarios, cooperativas y trabajadores justamente remunerados, no un campo condenado a competir permanentemente mediante la reducción del coste del trabajo o contra rivales que juegan con otras reglas.

Y tampoco queremos que nadie tenga que abandonar su tierra por necesidad.

Hay aquí, además, una cuestión que trasciende nuestras fronteras: Durante años se ha presentado la inmigración como si el principal derecho de quien sufre pobreza fuese poder abandonar su país. Pero el primer derecho del necesitado debería ser poder vivir dignamente en su propia tierra.

Que un hombre pueda alimentar a sus hijos sin tener que abandonar su pueblo. Que una mujer pueda trabajar sin tener que abandonar a su familia. Que un joven pueda construir su futuro donde nacieron sus padres. Que los pueblos puedan conservar su población y desarrollar sus propios recursos.

Eso exige también revisar unas relaciones económicas internacionales que con demasiada frecuencia han permitido que la riqueza y los recursos salgan de los países pobres sin generar en ellos un desarrollo suficiente y autónomo.

No parece una solución especialmente justa vaciar de trabajadores los países pobres para después recibirlos en los países ricos como mano de obra barata. Y no se nos ocurre mayor ejercicio de hipocresía que el alentar ese vaciado envuelto en banderas como la “solidaridad” o la “diversidad», cuando no es más que una herramienta de explotación.

Ni queremos eso para los andaluces ni lo queremos para nadie.

Trabajo digno, tierra y familia.

La solución no está en elegir entre el trabajador español y el extranjero. Está en rechazar la lógica que convierte a ambos en mercancía.

Queremos que el trabajador pueda vivir de su trabajo. Que el agricultor pueda vivir de su tierra. Que el joven pueda quedarse en su pueblo. Que una familia pueda tener hijos sin que eso signifique condenarse económicamente. Que la propiedad no esté cada vez más concentrada en manos de grandes fondos y capitales alejados de la tierra.

Que la producción agrícola genere riqueza en Andalucía y que una parte mucho mayor del valor añadido permanezca aquí.

Y, sobre todo, que recuperemos una idea que la modernidad económica ha olvidado demasiadas veces: la economía debe estar al servicio del hombre, de la familia y de la comunidad.

Por eso, cuando volvamos a ver a miles de andaluces haciendo las maletas para recorrer España y cruzar la frontera para vendimiar en Francia, quizá debamos dejar de preguntarnos por qué «no quieren trabajar» en nuestros campos.

La pregunta correcta es otra: ¿Qué estamos haciendo para que no puedan vivir dignamente de su trabajo en su propia tierra?

Y quizá la respuesta nos obligue a mirar mucho más allá de la agricultura. Nos obligue a mirar al modelo económico entero.

Santa Misa en memoria de Antonio Molle Lazo

El próximo lunes, 10 de agosto, se cumple el 90º aniversario del martirio en Peñaflor (Sevilla) del joven requeté Antonio Molle Lazo, natural de Arcos de la Frontera (Cádiz). Con este motivo se celebrará, a las ocho de la tarde, Santa Misa en la Basílica Nuestra Señora del Carmen de Jerez de la Frontera, donde reposan sus restos.

La Santa Misa está organizada por la Asociación de Fieles Servidores de Cristo Rey. Desde la Junta Regional de la Comunión Tradicionalista Carlista invitamos y animamos a todos nuestros correligionarios, simpatizantes y amigos a asistir a la misma.

Les dejamos, como de costumbre, el vídeo «Mártir de Cristo Rey» que sobre Antonio Molle realizó Agnus Dei Prod:

Ante la invasión ordenada por Marruecos y la complicidad del régimen

El régimen que padecemos siempre estuvo dirigido por el enemigo. Esto es sólo una escenificación más ruidosa.

Cabe señalar al gobierno o al presidente concreto que sufrimos, que por supuesto es culpable de traición. Pero no pueden quedar sin señalar igualmente como traidores todos los actores del régimen que en mayor o menor medida han colaborado y colaboran con el enemigo, lleve éste chilaba o corbata.

Rosario por la Vida en Sevilla, sábado 25 de julio

El próximo día 25 de julio, día del Santo Patrón de España Santiago Apóstol, es último sábado de mes y por tanto convocamos al rezo público del Rosario por la Vida, en desagravio por todas las leyes contrarias a la vida y dignidad humanas, y en rogativa por su total derogación.

La cita será, un mes mas, a las 12 del mediodía en la Plaza del Triunfo de Sevilla, a los pies del monumento a la Inmaculada Concepción.

Te esperamos.

Declaración de la Comunión Tradicionalista Carlista en el aniversario de la victoria cristiana de Las Navas de Tolosa

(16/JUL/26. NOTA DE PRENSA) – Hoy, 16 de julio, se cumplen 814 años de la victoria cristiana de las Navas de Tolosa. Un hito que supuso el afianzamiento de España como parte de la Cristiandad en detrimento de un proyecto político antagónico llamado Al-Andalus. Un paso que permitió el avance de la Reconquista y que fue culminado felizmente por los Reyes Católicos en 1492 y por Felipe III en 1614 con la expulsión de los moriscos.

La historia nos enseña que, salvo momentos puntuales muy localizados -y a pesar de esfuerzos loables-, nunca ha sido posible la coexistencia o convivencia pacífica entre cristianos y mahometanos. La revolución del liberalismo, inspirador del gran engaño de la constitución del 78, eliminó toda referencia trascendente en nuestras leyes pues considera a la religión como un elemento propio de la mera conciencia personal. Según esa ideología bastaría con el cumplimiento de las leyes del estado para mantener la unidad, la paz y la concordia. Sin embargo la evidencia -que vemos ya de forma especialmente dramática en otros países de Europa- es que los problemas crecen. La realidad es que tanto los verdaderos católicos como los musulmanes consecuentes no entendemos la vivencia de nuestra fe sin el desarrollo pleno de una dimensión pública y social.

Por todo ello, lejos de ser una curiosidad histórica, la batalla de las Navas de Tolosa es una efeméride cuyos ecos resuenan hoy con fuerza entre nosotros. Actualmente viven en España, según las estadísticas oficiales, más de 2,5 millones de musulmanes lo que supone al menos el 5% de la población. Hay localidades en las que esa proporción es mucho mayor y amenaza ya, de forma insoportable, la misma identidad de numerosas comarcas. Se trata de un fenómeno brusco y muy reciente si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro musulmanes han nacido fuera de España. Dentro del caos migratorio provocado por unos políticos irresponsables esta es posiblemente la consecuencia más grave y el mayor de los retos al que habrán de enfrentarse las nuevas generaciones de españoles.

Nuestra condena por tanto se dirige en primer lugar hacia todos los partidos políticos que han permitido y sostienen todavía esta situación. Hacia los separatistas que pensaron que una inmigración islámica podría favorecer sus intereses antiespañoles. A los laicistas que han querido utilizar el aumento de la población musulmana para la descristianización de nuestra Patria. A los conservadores que han mirado para otro lado, o que incluso homenajean a traidores como Blas Infante, mientras tengan acceso a mano de obra barata.

No podemos tampoco dejar de criticar la posición buenista de aquellos católicos que confunden la ayuda humanitaria con un suicidio cultural. La acogida caritativa al extranjero necesitado en ningún caso puede justificar políticas de sustitución poblacional hasta el punto de hacer irreconocibles nuestros barrios y ciudades. Tampoco la difusión de creencias y prácticas basadas en el error, el terror o el desprecio a la mujer. El multiculturalismo y el caos social tan sólo benefician, finalmente, a un estado policial cada vez más controlador y sectario.

Los carlistas queremos que España, la España católica y tradicional, siga siendo ella misma, y sabemos que el pueblo español, aunque ahora mismo viva anestesiado por las ideologías progres, tampoco va a querer vivir ni en Al-Andalus ni en un estado socialista masónico. Ojalá que cuando despierte no sea demasiado tarde. Próxima la celebración del apóstol Santiago, patrón de las Españas, concluimos esta declaración acogiéndonos a su amparo: ¡Santiago y cierra, España!

Junta de Gobierno de la
Comunión Tradicionalista Carlista

18 de julio de 2026 en Sevilla

Este 18 de julio se cumple el 117º aniversario del fallecimiento de SMC D. Carlos VII y el 90º del Alzamiento Nacional de 1936.

Como cada verano, es la fecha que elegimos para cerrar el curso y lo haremos en nuestro Círculo Carlista Virgen de los Reyes de Sevilla, sito en la Calle Aire, 5, el viernes 17 a las 21 horas.

Os esperamos.