
Declaración de la Junta Regional de Andalucía Occidental de la Comunión Tradicionalista Carlista ante las próximas elecciones al parlamento autonómico
Ante la convocatoria electoral del próximo domingo 17 de mayo en Andalucía, esta Junta Regional desea dirigirse a todos los andaluces de buena voluntad para ofrecer una reflexión serena y responsable desde los principios de la Tradición.
El Carlismo jamás ha considerado la partitocracia liberal como la forma natural y legítima de representación política de los pueblos de España. El orden político justo no nace de la lucha permanente entre partidos ni de la soberanía absoluta del número, sino de una sociedad orgánica fundada en orden social cristiano, en las libertades concretas de los cuerpos sociales naturales y en el servicio al bien común.
Por ello, no depositamos una confianza providencial en los procesos electorales ni esperamos de este sistema la regeneración moral y social de nuestra Patria. Décadas de liberalismo político y económico han producido una sociedad crecientemente secularizada, marcada por la ruptura de los vínculos naturales, la precariedad familiar, el desarraigo comunitario y la subordinación de toda la vida social a intereses ideológicos, partidistas y económicos.
Con espíritu filial y plena comunión eclesial, queremos asimismo recoger y valorar positivamente el reciente comunicado de los Obispos del Sur de España, reconociendo en él la defensa de principios fundamentales como la dignidad de la persona, la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la familia basada en la unión estable de hombre y mujer, y abierta a la vida o la atención a los más vulnerables.
El deber moral del católico en cuanto a su participación en la política no es votar, sino permanecer fiel a la ley de Dios y procurar el bien común. El voto únicamente puede considerarse moralmente aceptable cuando no implica cooperación con opciones contrarias a la ley natural y al orden cristiano. Cuando las alternativas con presencia efectiva en el sistema político aceptan, de un modo u otro, graves males morales —como el aborto, la eutanasia, la ideología de género, órdenes económicos injustos o la secularización de la vida pública—, la abstención es una postura moralmente lícita y coherente. Del mismo modo, no debe despreciarse el valor testimonial de apoyar candidaturas que, aun careciendo de expectativas reales de representación, mantengan una defensa íntegra y sin ambigüedades de los principios no negociables del orden natural y cristiano.
Igualmente, debemos recordar que el llamado “mal menor”, en cuanto mal, jamás puede convertirse en bien ni ser asumido como ideal político permanente. Demasiadas veces se ha utilizado este argumento para pedir a los católicos que respalden estructuras y programas incompatibles con la civilización cristiana.
Tampoco basta con reivindicar espacios de “objeción de conciencia” dentro de un sistema que legaliza la injusticia. El problema principal no es solamente proteger a quienes no quieran colaborar con el mal, sino combatir y derogar las propias leyes inmorales que ofenden la ley de Dios y destruyen el bien común.
Frente a una sociedad cada vez más individualista, arrojada al consumismo y al utilitarismo y sometida a intereses económicos ajenos al pueblo real, el Carlismo sigue afirmando la necesidad de restaurar un orden social verdaderamente cristiano, donde la política vuelva a estar subordinada a la verdad, la economía al servicio de las familias y del trabajo digno, y las comunidades naturales recuperen sus libertades y su protagonismo frente al Estado y los poderes financieros.
Por todo ello, ante esta nueva convocatoria electoral, llamamos a actuar con recta conciencia, sin ceder al miedo ni al posibilismo que tantas veces ha servido para consolidar los mismos males que se dicen combatir. La esperanza no puede ponerse en la mera alternancia de partidos ni en estructuras políticas nacidas de principios ajenos a nuestra tradición, sino en la restauración de un orden social cristiano fundado en la verdad, la justicia, las libertades reales y el bien común.
Dios, Patria, Fueros y Rey.
Están tristes los liberales, están tristes y asustados porque no han podido evitar que alguien más radicales que ellos lleguen al poder. No se acuerdan ya de cuando los radicales eran ellos y han olvidado que para llegar al poder lo hicieron siempre a punta de bayoneta, cuando no con la guillotina por delante como pasó en Francia, en aquella revolución liberal, madre de todas las revoluciones.
Que el resultado de las elecciones patitocráticas, que no democráticas, del pasado domingo en España estaba cantado es algo que estaba, de antemano, fuera de toda duda. Que “los peperos de la gaviota” se iban a llevar de calle a “los del capullo en la mano” era algo que nadie cuestionaba. Que lo hicieran de la forma aplastante en que lo han hecho también estaba dentro de lo previsible y sondeable. Que los unos celebrasen por todo lo alto su victoria desde el balcón de la madrileña calle de Génova y los otros tratasen de optimizar absurdamente su debacle desde los sótanos de la calle Ferraz era algo que todos los españoles esperaban ver por la tele. Que el lacio, soso, transparente y siempre políticamente correcto Rajoy diese un discursito lacio, soso, transparente y políticamente correcto era algo evidente. Que el ladino, sibilino y maquiavélico Rubalcaba compareciese agachando las orejas y pidiendo un Congreso Ordinario de su partido, (pero par/ti/do de verdad…) para irse cuanto antes con el rabo entre las patas también era esperable si se cumplían los pronósticos; de hecho, ya está la independentista catalana Chacón dando codazos y afilándose los dientes…
La Parrala, dicen que era de Moguer, y otros aseguran que era de La Palma…”. Así comenzaba la famosa canción española que nuestros padres y abuelos cantaron en muchas ocasiones y que, tras el paso de los años y sin ponerse nunca nadie de acuerdo, aún mantiene la incógnita de saber cuál fue el lugar de nacimiento de la famosa intérprete de aquél café-cantante… Esa es la misma impresión que me ha quedado antes, durante y después del “aplaudido” por todos los expertos, debate electoral que mantuvieron el pasado día 7 los candidatos de las, a pesar de los pesares, dos fuerzas de mayor peso del panorama político español.
Reproducimos a continuación, por su innegable interés, el artículo que en el portal Infocatólica escribió Luis Fernando Pérez, su director, a raíz de la entrevista que Javier Garisoain, Secretario General de la Junta de Gobierno de la CTC, concedió a dicho medio y que reprodujimos en este mismo sitio hace unos días. Interesantes reflexiones -y muy convenientes precisamente ahora por la proximidad de las próximas elcciones generales en España- que compartimos con los lectores de nuestro blog. El artículo original puede leerse en este enlace: 