In Memoriam, S. M. Fernando III


Estos días hemos asistido al aniversario de la Reconquista de Sevilla por San Fernando. ¿Que no se ha enterado usted? No se sulfure creyendo que debe salir más a la calle para estar al día de todo lo que ocurre (o más bien deja de ocurrir) por su barrio. No, usted no se ha enterado porque no han querido que se entere. Como ya sabrá, en este mundo hay pocas cosas gratis y ni una sola acción sin un fin determinado. Cuando hace poco nos preguntaban: ¿Queremos más días de feria? el pueblo (libre técnicamente) contestó: Sí queremos. Esos atronadores gritos de libertad parecían que más que salir de la boca de los votantes (libres técnicamente) salían de sus vientres, de la necesidad de alcohol a la que están sometidos y a otro tipo de pasiones que no viene al caso transcribir aquí.

¿Eso es la libertad? Hemos reducido la libertad al escapismo, a la desvinculación de todo lazo del deber, a la evasión. Pues siento desilusionar a los votantes de tan desacertada resolución: ustedes son esclavos, no de un señor físico sino de lo más bajo que habita en ustedes: sus pasiones. Y por favor, no me tachen de carca o casposo, todos sabemos que si un día su cuerpo les pide unas copas no se van a negar (porque son libres), que si me puedo quedar durmiendo me voy a quedar (porque soy libre), y no seguiré mencionando necesidades que ustedes consideran inviolables porque no vienen al caso aquí.

Eso como todos los lectores rectos comprenderán no es libertad, la única libertad nos la da Cristo: Veritas liberabit vos. Es decir, la libertad nace de la doctrina, de la doctrina de Cristo, la verdadera, la tradicional. Esa doctrina es la que nos trajo San Fernando. Él nos liberó de las cadenas de la secta de Mahoma, él nos liberó de la entrega a las pasiones que pregona (de forma disimulada) la falsa religión mahometana, él nos liberó de la muerte que acompaña siempre al islam, él nos trajo a Cristo y Cristo nos liberó mediante su fiel hijo san Fernando.

Aprovecho para encomendar a Sevilla a su cuidado, pues ahora que España ha dejado de ser católica, o sea, ha dejado de ser España, su intercesión es fundamental. Ora pro nobis.

Un católico perplejo.

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