¿La semana del Orgullo?

ORGULLO
Estamos asistiendo estos días a una campaña que ni quiere ni puede dejarnos indiferentes: La semana del orgullo gay. Cuando sus integrantes hablan de los fines de este aberrante espectáculo se refieren a uno con particular énfasis: la igualdad. Veamos la gran contradicción que se oculta tras este siniestro espectáculo. Una vez demostrada dicha contradicción, parafraseando a Pascal, sabremos que todo argumento basado en una contradicción es de por sí absurdo y no precisa debate para rebatirlo.

Con el diccionario en la mano, sabemos que el orgullo es un ‘exceso de estimación hacia uno mismo o hacia los méritos propios por los cuales establece una relación de superioridad frente a los demás’. Nótese la clara connotación de superioridad. En otras palabras, no hay orgullo sin algo que se considere no sólo propio de mí (porque desgraciadamente no hablamos de un caso particular), sino superior a los demás. Ante esto, el ‘orgulloso’ de turno nos dirá que como ellos están en una situación de inferioridad, recurren al orgullo para conseguir la igualdad. Pero esto es falso, dado que si verdaderamente quisieran la igualdad, se presentarían como personas cotidianas que buscan un calor social que antes no tenían. Y esto obviamente no ocurre, ellos recurren a la ostentación, a la crítica contra los que no piensan como ellos, a la superioridad… en otras palabras, al orgullo. Así piden igualdad (trato equitativo entre semejantes) aquellos que parten de una condición de superioridad. Aquí se encuentra la contradicción que buscamos, puesto que no hay superioridad entre ‘semejantes’.

Como podemos observar pivotan sobre una contradicción evidente. Por ello sus tesis, y por tanto sus conclusiones son absolutamente erróneas.

Basta de eufemismos, de mentiras, de adoctrinamiento, de victimismos, de silencios y de halagos por parte de nuestras autoridades (políticas y eclesiásticas). ¿De verdad queremos una sociedad que ensalza ‘valores’ contrarios a la naturaleza (y por tanto a Dios) y que se impone de manera autoritaria (condenando como ‘portadores del odio’ aquellos que no comparten sus aberrantes sentencias)? Yo personalmente no deseo una sociedad así.

Traditio Bellator

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