Así pensamos: Fueros

Traemos a nuestra página un extracto del libro Así pensamos (Un ideario para la Comunión Tradicionalista), que el Dr. Frederick D. Wilhelmsen (1923-1996), bajo el pseudónimo de "Un requeté" escribiera en 1977. El capítulo que extractamos aquí es el dedicado a los Fueros, que, aparte de las referencias políticas contemporáneas al momento de escribirse, sigue estando de rabiosa actualidad, en la coyuntura política del sistema liberal partitocrático e inorgánico en la que está inmersa España. Esperamos que nuestros lectores disfruten con este texto y reflexionen reposadamente lo que en él se propone.

 

 

 

                     La Comunión Tradicionalista proclama: ¡Que los fueros se intercalen en el ideario tradicionalista!                     

No hace falta aquí hacer hincapié en el papel tan enorme que la defensa de los fueros ha jugado en la historia del carlismo. Por una serie de circunstancias cuyo estudio cae fuera del alcance de este escrito, la defensa de la catolicidad de España y de la Patria se unía con una defensa de los fueros en el último siglo y medio. Los derechos concretos de las regiones y de los antiguos reinos, la autonomía de los municipios despojados de sus bienes económicos por la desamortización de Mendizábal, se inscribían en las banderas y canciones carlistas. "El Rey y las antiguas leyes" era un grito vasco que acompañaba los levantamientos en el Norte contra la centralización liberal de los múltiples gobiernos que gozaban del poder desde Madrid.

 

Lo que no es tan bien conocido es el hecho de que el territorio español, en gran parte en el Norte y en Levante, liberado por los voluntarios de Don Carlos VII en la tercera guerra carlista, se autogobernaba sin que el mismo Don Carlos se preocupase mucho de lo que pasaba en esa retaguardia de sus ejércitos. El estaba demasiado ocupado con la guerra, y vivía en unas habitaciones humildes en Estella, cerca de sus requetés. Al dejar que Navarra, Vascongadas, Valencia y los demás territorios carlistas se autogobernasen según sus antiguos fueros, Don Carlos no solamente obedecía las necesidades exigidas por los límites de su propio tiempo sino que obedecía a algo profundamente arraigado en la tradición hispánica cuyo paladín y abanderado él había llegado a ser. Ya que un rey carlista es más árbitro que administrador, más un hombre prudente y menos un tecnócrata, resultaba natural y lógico que Don Carlos dejase que sus reinos, principados y condados, organizaran sus escuelas, pusiesen en marcha un sistema de correos, y fundasen una universidad con sus propios estatutos y gobierno-

 

¿Pero qué es un fuero y por qué es necesaria una red de fueros ? A veces se confunde un fuero con un privilegio y la confusión es fácil de entender. Lo que era un privilegio otorgado por un rey aun pueblo, gremio o aldea en un momento histórico, muy a menudo solía considerarse como un fuero por la entidad jurídica que la había recibido y por los descendientes del rey que lo había dado. Pero fuero, entendido técnicamente, no es ningún privilegio. Un fuero se establece a través del tiempo. Un fuero nunca es un artefacto fabricado en un momento. Todos los fueros son derechos y libertades concretas. El sentido del "derecho" mana de la estructura de la persona como tal persona. Los deberes y las obligaciones son más profundos que los derechos, ya que un derecho viene de una obligación o de un deber. Tengo el derecho de vivir con mis padres cuando soy un joven porque ellos tienen la obligación de criarme. La tendencia de hablar de los derechos y de ignorar los deberes, es un símbolo de la decadencia liberal dentro de la cual vivimos. Los seres inferiores al hombre no son personas y por tanto no gozan de ningún derecho. La esencia misma del derecho se abarca dentro de la espiritualidad, ya que la espiritualidad del hombre implica que él sea algo absoluto puesto en la existencia por Dios. Ni siquiera Dios puede violar los derechos humanos que El ha creado al crear a los hombres. Se puede ver fácilmente que el derecho implica la libertad de ejercerlo en el orden concreto y así encontramos la diferencia entre una libertad abstracta y una con- creta. Un derecho considerado abstractamente o "formalmente", simplemente como derecho, no obra nada. Por poner unos ejemplos sencillos : un hombre tiene el derecho de casarse pero ninguna mujer tiene la obligación de casarse con él; cada familia tiene el derecho de desarrollar su vida familiar, pero no puede hacerlo si la familia vive separada de una comunidad que sea capaz de respaldarla en la vida cotidiana; cada empresa tiene el derecho de desplegar el fruto de su trabajo, pero no puede hacerlo si tal trabajo se hace en el aire, cortado de una sociedad concreta. ¿Qué sería una pipa sin un fumador, y qué sería un traje en una sociedad de desnudos? Por mucho derecho que se tenga para hacer las pipas y los trajes, ese derecho no vale nada a menos que esté encauzado en una comunidad. Se puede ver que un derecho -y la libertad de ejercerlo- se queda en nada a no ser que haya una manera concreta de darle la existencia. Un fuero es la concreción de un derecho, los pies que hacen que los derechos anden. Los fueros son la encuadernación jurídica de los derechos. Para ejercer el derecho de casarse, hace falta una comunidad que posibilite que los hombres y las mujeres se conozcan. A fin de que un hombre con un oficio o profesión lo ejerza, es menester que su trabajo se enfoque dentro de una estructura jurídica que garantice el desarrollo libre del mismo oficio. Los fueros siempre implican, por lo tanto, la encarnación histórica de una serie de derechos que incluyen, a la vez, una serie de deberes. Hay cierta reciprocidad implicada en todos los fueros: do ut des. Es imprescindible notar, a la luz de lo ya dicho, que los fueros nacen de una serie de actividades humanas ya existentes.

No hay ningún fuero puramente "formal" o abstracto. Entonces los fueros especifican todo lo que los hombres ya están haciendo. Los fueros son opciones libres que brotan de una experiencia corporativa histórica. Los deberes nacen. Los fueros se hacen.

Cada región debe tener sus fueros; cada municipio, los suyos: cada sindicato o profesión, los suyos. Por ser el producto de la historia, los fueron no manan desde arriba porque no se hacen por una pieza de legislación. El orden político debe de reconocer los fueros como una serie de concreciones jurídicas de los derechos. Aunque el tiempo puede cubrir los fueros de una región o municipio con el halo de algo sagrado e intocable, en realidad todos los fueros se someten a los cambios que exige la misma historia. La ley consuetudinaria puede cambiarse en esta u otra manera, pero Santo Tomás de Aquino nos amonesta que tales cambios deben ser excepciones y no deben de ocurrir a menos que un bien de un grado eminentemente superior resulte de tal alteración. Mientras que el sistema liberal se basa sobre una serie de derechos y de libertades formales, el Tradicionalismo hispánico siempre se ha basado en una adhesión al sistema foral, así reconociendo lo que ya ha sido alcanzado libremente por hombres organizados en sus comunidades naturales.

En el liberalismo inorgánico, que ha vuelto como una plaga a nuestra nación en los últimos años, el hombre vota una vez y su voto tiene ni más ni menos peso que cualquier otro ciudadano. Este voto se consigue por una campaña propagandística que empapela las ciudades y explota el poder inmenso de la televisión ya la vez emplea todos los trucos que se despliegan en la prensa y en los demás medios que emplean la palabra escrita. Por fin el país -agotado en espíritu y en dinero- va a las urnas para que salgan aquellos que hayan garantizado con más eficacia aquel paraíso en la tierra que todos los partidos pregonan. Esto se llama la democracia. El efecto es de embrutecer al pueblo español, de despertar los antiguos recelos y odios que siempre han marcado la lucha de clases, una lucha empujada por todos los socialismos: odio, recelo, agotamiento, estupefacción, éstos son los frutos de la tan querida democracia.

La democracia inorgánica separa. La Comunión Tradicionalista une, y por unir ofrece al pueblo español una opción que trasciende la lucha de clases y el sistema liberal de partidos. Los fueros siempre unen a los hombres que trabajan o que se relacionan mutuamente en pos del bien común de esta u otra sociedad. El historiador inglés Lord Acton, en su estudio La Historia de la Libertad, demostró cómo la libertad nació en 'el Occidente en la Edad Media Católica porque no hay libertad a menos que un hombre se institucionalice en una serie de comunidades que le permita escoger libremente entre los intereses de éstas cuando hay un conflicto.

La libertad concreta es la posibilidad de escoger entre dos o más sociedades dentro de las cuales yo tengo una serie de intereses. Libertad y conflicto son términos inseparables. Cuando escojo una cosa tengo que abandonar otra que está en conflicto con la que he escogido. Cada acto libre implica un coger y un abandonar. Esto es la libertad humana y no hay otra.

De esta forma en el sistema foral el mismo hombre a menudo puede votar varias veces como cabeza de una familia, como socio de un sindicato, como representante de una comarca o diputación. Esta "democracia orgánica" exige que cada votante sopese su voto a la luz de un conocimiento personal e íntimo de los problemas y aspiraciones de la entidad a la cual pertenece, gracias a un fuero. Pero el ciudadano que vota "inorgánicamente" no puede escoger entre intereses. El no puede ponderar las ventajas y desventajas entre este bien u otro bien ¡porque todos los partidos dicen la misma cosa! La llamada libertad "democrática" es un truco al servicio de unas oligarquías que ofrecerían la salvación o la inmortalidad si pudiesen alcanzar el premio del Poder .

Según la doctrina tradicionalista las Cortes se forman de procuradores que representan los intereses concretos del país ya encauzados en una red de fueros. Las Cortes no se componen de hombres que quieren desplegar sus opiniones sobre este u el otro problema. El intercambio de opiniones sobre los problemas concretos ya se han debatido antes de que las Cortes se reúnan. Los procuradores no pueden representar opiniones por brillantes que sean, ya que éstas son irrepresentables. Tienen que representar los intereses de aquellos que los han elegido para tan alta representatividad. Esos intereses, eminentemente prácticos en general, hablan o dialogan amistosamente -en el mejor de los casos- con el Poder y así encuadran su ejercicio, ya que el Poder no puede obrar a menos que sepa lo que el país necesita. El país aquí es entendido no como una masa amorfa forzada a encuadrarse en partidos nacionales y regionales, sino como un país racionalmente estructurado en su variedad de instituciones que encuentran su espejo en las Cortes. Este espejo no es fiel a menos que la nación goce de sus fueros, a no ser que la nación levante sus intereses delante del Poder yesos intereses se quedarían en el aire a no ser que se encaucen en un sistema foral.

El Estado centralizador nació paulatinamente en Francia en los últimos lustros de la mortecina Edad Medieval. Debido al poder de centralizar, el Estado moderno atomizó la sociedad y destrozó las antiguas libertades y leyes, a saber, los fueros. Gracias a una nueva técnica, la mecánica, que centraliza solamente debido a su poder de esparcir la naturaleza en trozos aislados que luego se reincorporan en el mundo mecanizado e industrializado, el Estado, por dominar las nuevas técnicas, hizo lo mismo en el terreno político. La nueva capacidad de gobernar desde un centro, una capital, engendró ese fenómeno moderno que se llama la burocracia. La burocracia del Estado moderno hace las veces de los antiguos fueros pero con una diferencia importante: Mientras que los fueros eran -y son- eminentemente políticos, estructuras jurídicas que apuntaban con prudencia la libertad de sus socios hacia un bien común, una burocracia aplasta la política y hace que una administración técnica la reemplaza. La Administración aplica una regla que mana desde arriba y de esta estructura inevitable manan los regionalismos y federalismos falsos. Llamamos un regionalismo falso cuando deja la administración de una región, o de un sindicato, o profesión a los hombres que militan dentro de ellos, pero esos ciudadanos no hacen más que administrar una red de decretos que se originan desde un centro estatal. Con un fuero, al contrario, se gobierna por sí mismo.

La administración técnica está sometida ala prudencia política y no al revés. Los fueros quitan la tiranía de la tecnocracia. Pero el Estado moderno de hoy en día se encuentra amenazado porque el orden técnico se independiza del orden político a pasos gigantescos. La técnica nueva, a saber, la basada en condiciones electrónicas, anula el espacio y hasta el tiempo, y así se burla ignorando los viejos prejuicios según los cuales las fronteras son límites sagrados. La nueva técnica se basa menos en una capacidad de producir cosas y más en su capacidad de mover una masa de información de un punto a otro, sin tener que tomar en cuenta los antiguos límites espaciales. En un sentido profundo el espacio ha dejado de tener importancia para la tecnología contemporánea. Esta es la verdad de un telegrama, de la radio, de la televisión, del teléfono, de la técnica computadora, del radar , y de los demás medios de comunicación. La mecánica con su poder de cambiar el mundo físicamente, a fin de transformarlo en una serie de artefactos, se pone más y más a la disposición de un orden científico nuevo. Hay indicios que nos hacen pensar que la técnica nueva puede independizarse aún más de la vieja industrialización ya que hoy es posible suprimir la vieja producción en masa a favor de nuevos modos de hacer productos más baratos y con mucha más variedad.

De todas formas, la ciencia moderna necesita al Estado solamente para su financiación y hasta esa dependencia suele desaparecer gracias al enjambre de empresas supranacionales que literalmente no dependen de ninguna geografía fija. Paralelamente, la acumulación de datos y el amontonamiento de conocimientos liberan la técnica de esos antiguos centros de investigación, a saber, las universidades estatales con sus bibliotecas enormes. Teóricamente, hoy día, un hombre podría llevar todos los conocimientos y datos que se encuentra dentro de miles y miles de libros en una computadora del tamaño de un maletín. El monopolio sobre la sabiduría de la raza humana que pertenecía al Estado centralizado moderno, está desapareciendo y hay unos especialista en estas cosas que dicen que efectivamente ya ha desaparecido. En unas pocas palabras, si todo fuera bien en el mundo (y tenemos que confesar que poco va bien en este mundo imperfecto), el Estado tal y comolo hemos entendido y conocido durante los últimos siglos, simplemente desaparecería. Posiblemente nadie lo suprimiría jurídicamente pero viviría como una momia heredada del pasado tal y como los emperadores romanos nunca abolieron la antigua república sino que la ignoraron en los hechos mientras que la honraban con sus palabras.

Tenemos que enfrentarnos con un hecho tan radical que pocos hombres tienen la valentía de ver lo que está aquí delante de sus ojos. ¡No vamos a necesitar ningún Estado en el siglo XXI y posiblemente antes! Ya que el orden político en el sentido tradicionalista se basa no en el Estado centralizado con todos sus mecanismos y burocracias, sino en la Patria que mana del sentido patriarcal del cristianismo, resulta que las patrias podrían volver a ser las portadoras del orden político. Una patria tiene una geografía tal y como una familia tiene una casa pero tal y como la familia no se limita al hogar familiar, la Patria no se puede limitar a ningún espacio trazado en un mapa. Realmente un mapamundi hoy día es incapaz de trazar lo que ha ocurrido en el mundo puesto que un mapamundi se limita a la fuerza a designar fronteras y dibujar límites espaciales que rápidamente están perdiendo su antiguo peso en la edad post- moderna.

Lo que estamos diciendo apunta un crecimiento a corto plazo de una multiplicidad de fueros nuevos que trascenderán los antiguos límites territoriales de los Estados modernos. Unos de estos fueros ya existen, como esa red de pactos que encauzan las formas y reglas y derechos que gobiernan las líneas aéreas internacionales. Además, el mundo científico en todas sus ramas está creando una serie de fueros que tienen que ver con la obligación de canjear los descubrimientos nuevos y las técnicas avanzadas.

Por ejemplo, la comunidad de cirujanos piensa que sería un crimen restringir los procesos logrados en la medicina dentro de los límites de cualquier Estado moderno. Totalmente por encima de los deseos de los diversos Estados, los médicos han pactado y por lo tanto creado un fuero que hace posible un intercambio de todo tipo de información capaz de mejorar la salud de toda la humanidad y aún de salvar la vida humana dondequiera que esté el enfermo. La televisión, una vez emancipada del control estatal, se levanta por encima de las luchas electorales entre los partidos y casi elige el que va a ganar. La televisión y la prensa hundieron al presidente norteamericano Richard Nixon. Estos datos y muchos como éstos comprueban la creciente independencia de la ciencia y la técnica del Estado. En unos casos aplaudimos lo que está pasando. En otros, lo lamentamos, porque por ejemplo, ¿quién puede querer que los secretos científicos del Occidente (si todavía los hay) que tienen que ver con la defensa pasen a los rusos? Pensamos aquí en la misma ciencia computadora americana que está muy por encima de la rusa. Por mucho que lamentemos o aplaudamos, los hechos apuntan un mundo nuevo donde el sistema foral ha reaparecido en formas absolutamente nuevas. El centralismo liberal y el socialista no pueden hacer las paces con esta situación nueva porque en último término, aunque todavía por poco tiempo, puedan seguir funcionando, va en contra de las ideologías que rigen en el campo liberal y en el comunista. La famosa "soberanía del pueblo" (una blasfemia teológica), la democracia inorgánica, no es capaz de impulsar el avance de la ciencia, y de negar el derecho que los hombres que trabajan en ella tengan que organizar sus propios asuntos según sus propios criterios. Prescindiendo de cualquier preferencia doctrinal o teoría sobre los fueros; dejando aparte la opción tradicionalista a favor de ellos y la típicamente moderna en contra de ellos, es difícil ver cómo la centralización estatal del pasado con su monopolio sobre la ciencia puede frenar este avance del progreso excepto en el bloque soviético.

Aunque los Estados tratan de controlar este intercambio entre los científicos del mundo, lo hacen con dificultad, puesto que los hombres dedicados al desarrollo científico piensan que forman una comunidad que trasciende los límites geográficos de los Estados y piensan que tienen el deber de formar una especie de comunidad internacional. Este fuero naciente está imponiéndose rápidamente a pesar de los peligros para los intereses de este u otro Estado. En gran parte estos fueros no han sido reconocidos, pero se imponen imperiosamente. La ciencia y la técnica, a su manera, también trabajan en beneficio del hombre y, por ello, en beneficio de Dios. Se acerca el día en que desaparecerá todo centralismo dirigido y materialista, imponiéndose un foralismo a ultranza para mejor entendimiento entre los hombres de buena voluntad.

Es imprescindible notar que a menudo el Estado moderno, capitaneado por políticos profesionales, simplemente no sabe lo que está pasando en el mundo científico y técnico. Estos políticos no pueden reconocer los pactos entre, por ejemplo, los físicos atómicos, porque no tienen la más mínima idea de lo que se hace dentro de este mundo misterioso. Las teorías más avanzadas de la física, hoy día, han destrozado el antiguo materialismo y determinismo del siglo pasado. Solamente hace falta pensar en las observaciones de Heissenberg, Bohr, De Broglie y Dirac. Pero el materialismo sigue siendo la bandera de un socialismo y de un secularismo que literalmente no saben nada del mundo nuevo dentro del cual están viviendo.

El control del orden nuevo escapa a la competencia de los Estados centralizados porque, a fin de saber lo que pasa en las ciencias, el Estado necesitaría duplicar por equipos suyos todo lo que se hace hoy en la tecnología y en la ciencia. Algo radicalmente nuevo tendrá que nacer a fin de legislar las relaciones entre el orden político y el orden científico y este "algo" será un tipo de foralismo.

También es menester darse cuenta de que el mundo de mañana se formará de una serie de intereses encauzados en empresas, profesiones, ciencias y tecnologías que tendrán poco que ver con la antigua situación que caracterizaba el Estado moderno. No se puede encajar el mundo de mañana dentro de una estructura política que significará, en el siglo XXI, menos que los epiciclos y ciclos del sistema astronómico de Tolomeo significan hoy día en la ciencia. Un foralismo nuevo que dejará un orden viejo ya quemado en las cenizas del pasado, hará que los alumnos del colegio estudien el llamado Estado moderno como estudian hoy día la polis griega del siglo quinto antes de Cristo.

El Tradicionalismo hispánico debe saludar un tiempo nuevo que ha dejado atrás precisamente aquel mundo centralizado y liberal contra el cual el carlismo luchaba ya desde el principio del siglo XIX. Pero el dibujo de mañana que hemos trazado no obedece a ninguna ley histórica, ya que el mismo dinamismo de la ciencia siempre se somete a la contingencia histórica ya la libertad humana. El comunismo es el poder más reaccionario en el mundo puesto que en Rusia y en China los postulados del Estado moderno han alcanzado sus límites; a saber: la abolición de las libertades concretas ; la desaparición total de cualquier sistema foral; la servidumbre de la ciencia y de todas las actividades humanas; de las artes; de la filosofía; de la técnica; de la arquitectura. Todo está al servicio del Estado. El gran oso de Rusia -cuya invasión de Europa fue vislumbrada hace más de un siglo por Donoso Cortés- siempre atrasado respecto a la civilización occidental, se encuentra dominado por una filosofía edificada para solucionar los problemas del siglo XIX. Pero esa ideología -por equivocada que sea, ha sabido ajustarse a los cambios históricos sin alterar sus postulados ya anticuados.

Por lo tanto, el peligro número uno de ese florecimiento de un foralismo nuevo que hemos dibujado, es el marxismo y sus consecuencias: el socialismo y el comunismo.

Aunque aquí, en España, los partidos socialistas y el mismo PCE apoyan los separatismos, lo hacen para luego destrozar las regiones. Una región convertida en un Estado deja de ser región y llega a ser una entidad racionalizada y carente de personalidad. Esos "Estados" pequeños naturalmente desaparecerían por absorberse dentro del Leviatán Marxista después de haber cumplido su objetivo de destrozar la unidad de nuestra Patria.

Es necesario machacar una contradicción histórica que obra a favor del Marxismo. Mientras que las ciencias y las técnicas se liberan de los Estados liberales del Occidente, esas mismas ciencias y técnicas están sometidas en el bloque comunista aun control estatal que es brutal. La tendencia de la ciencias a desprenderse de los grilletes del Estado moderno ha sido aplastada en la Rusia Soviética con una furia reaccionaria hasta ahora no encontrada en la historia. Todo eso da al enemigo una ventaja enorme ya que toda la técnica se encauza dentro del mesianismo de la ideología marxista. Se puede deducir con una lógica implacable que una victoria permanente del marxismo en el mundo, no solamente embrutecería el espíritu humano, reduciendo el cristianismo a una secta pequeña perseguida y azotada, sino que también frenaría el progreso humano y científico, congelando la humanidad en una prisión oriental.

Dejando aparte esas consideraciones y volviendo al ideario carlista, podemos decir, que la única doctrina política en el Occidente capaz de enfrentarse con un mundo nuevo, cuyos rasgos serán radicalmente diferentes de los que han dominado los últimos siglos, es el Tradicionalismo hispánico. La doctrina tradicionalista es una herencia universalmente cristiana a la cual muchos hombres de diversos países han dado sus aportaciones. Pero aquí en España la misma doctrina encontraba y encuentra una encarnación práctica y política en el carlismo. Nunca debemos olvidar que el carlismo jamás ha fallado como política porque el carlismo nunca ha tenido el Poder en sus manos. Todo lo demás, república liberal, monarquía liberal, fascismo, socialismo, comunismo, se forma de doctrinas quemadas. Todas han ejercitado el Poder y el pobre mundo todavía se angustia dentro de su desesperación y sufrimiento. La Comunión Tradicionalista a través de su historia al servicio de Dios y de España, ofrece sus principios al pueblo porque las demás políticas han fracasado por haber pensado que el siglo XIX nunca terminaría. Pero no solamente ha terminado, sino que hoy día casi no vale la pena hablar ni siquiera del siglo xx. A menos que gane el marxismo o una alianza secreta y siniestra entre el marxismo y el liberalismo internacional, la sociedad de mañana se estructura, por lo menos en lo puramente político, según bases cuyo principios serán los que nosotros, los carlistas, hemos mantenido por más de un siglo de lucha y afirmación.

La reivindicación de los fueros por la Comunión Tradicionalista reclama la restauración de los fueros suprimidos por el Estado liberal, siempre que esos fueros antiguos todavía puedan servir al pueblo español en sus regiones y profesiones y en sus demás estructuras. La Comunión pregona la necesidad de fomentar una serie de fueros nuevos a fin de satisfacer aquel anhelo de concretar los derechos y las libertades humanas. Pero la Comunión Tradicionalista asegura al pueblo español que en el caso de estar en el poder, los abanderados nuestros nunca crearían ningún fuero nuevo. Reconoceríamos jurídicamente todos los fueros ya existentes como realidades. Daríamos las oportunidades necesarias para que el pueblo edificara un sistema foral a su gusto y según las peculiaridades de todas las profesiones, oficios, rangos y condiciones de vivir. Seríamos fieles al principio de la subsidiariedad y dejaríamos al pueblo la tarea de formar sus propios fueros. Posiblemente esta libertad será un peso enorme para un pueblo acostumbrado a ser gobernado desde arriba, pero la libertad nunca ha sido una tarea fácil. El Tradicionalismo devolvería al pueblo todas las libertades robadas durante tan- tos siglos de latrocinio. ¿ y qué ha sido el liberalismo sino un robo gigantesco; o un pecado mortal inmenso contra el quinto mandamiento de Dios ? ¿ y qué es el socialismo si no es ese robo llevado a sus últimas consecuencias?

Se puede apreciar que es imprescindible unir el sentido de la Patria y una adhesión a los fueros para mantener la forma y manera según la cual la Patria quiere vivir. Ya hemos dicho que la Patria no puede prescindir de lo patriarcal y el fuero familiar es una piedra sobre la cual todo lo demás se edifica. La Patria exige una variedad de instituciones, de costumbres, de regiones y de maneras de ser. La Patria es un despliegue analógico y la analogía, como dice Santo Tomás de Aquino, es la diferencia en la unidad.

Sí hay Estados sin fueros, pero no hay Patria sin fueros. Tal y como la Patria no se impone sino que crece como un árbol con conocimiento y voluntad, los fueros no nacen de la nada. Los fueros se hacen por hombres yesos hombres tienen sus pies en una Patria donde pueden compaginar dos anhelos que se arraigan en el suelo del mismo hombre: estar en casa y obrar con libertad. ¿ y qué es el fuero sino una libertad ordenada y por lo tanto eficaz y aún más libertad ?

El tradicionalismo no es ningún programa práctico porque no es ningún episodio histórico.

La Comunión nuestra ofrece una serie de principios, muy pocos, solamente son cuatro, que hacen posible dos cosas :

 

I. Encauzar el ritmo de la política dentro de una visión del hombre tal y como es, personal y santificado por Dios, un ser natural y sobrenaturalizado.

2. Reconocer todo lo que es natural para el hombre y todo lo que brota espontáneamente de su ser. El carlismo es la política arraigada en la metafísica del ser humano.¡Y no hay otra !

Las libertades concretas que forman la esencia del foralismo florecían una vez en la Edad Media para luego palidecer en lo que llamamos "la modernidad". Hoy día la modernidad está muriendo y un mundo nuevo está naciendo. Somos hombres con un pie en el pasado y el otro en el futuro. Vivimos en un momento de transición histórica. La Comunión Tradicionalista, fiel a su herencia, tratará de posibilitar un orden de libertades forales que el mismo dinamismo de la historia le abrirá al hombre.

¡Vivan los fueros! ¡Y los fueros vivirán! 

1 comentario en “Así pensamos: Fueros

  1. Estamos, precísamente, en ese momento de la Historia, pero yo me pregunto: ¿Nos hemos dado cuenta, realmente, los carlistas de que está llegando nuestro momento?. Y lo que es aún más grave: ¿Estamos, ó nos estamos preparando, de verdad, para ello?. ¿No será más bien que seguimos sentados a la puerta de nuestra casa esperando «que vuelva el Rey de España a la Corte de Madrid»?. ¿No estamos corriendo el riesgo de acudir y adherirnos de manera excesiva a movimientos tipo «anti-aborto», en lugar de profundizar en nuestro programa político?. ¿Somos conscientes, de verdad, de que somos un MOVIMIENTO POLÍTICO con un programa y soluciones propias a los problemas de España?. ¿Estamos educando a nuestros hijos en ello?.
    Dejo estas reflexiones para quien tenga responsabilidades dentro de la Comunión. Creo que, si no empezamos a pensar en todo ello de manera convencida Y EXCLUSIVA, se nos volverá a escapar el tren de la Historia. El que tenga oidos, que oiga…

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