28-F. Día de Andalucía

Confieso que no tenía intención de escribir sobre este tema. Es un asunto sobre el cual siempre he sido bastante aséptico, pero esta mañana ha pasado por la esquina de mi casa la manifestación reivindicativo-izquierdosa conmemorativa del dichoso día 28 de Febrero y, al final del día y tras meditarlo mucho, no he podido reprimirme. Ruego me perdonen, pero la imagen de una muchedumbre enaltecida enarbolando banderas republicanas, banderas del Ché Guevara, banderas comunistas con la hoz y el martillo, la participación de cinco camiones con las bateas llenas de gente vociferante lanzando consignas contra la Patria y contra la Iglesia al más puro estilo de los años 30 y el uso de de emblemas separatistas con la participación de alguna que otra ikurriña, me ha empujado sin remedio a sentarme delante del ordenador para desahogarme.

            Soy sevillano y, como tal, soy andaluz. Y me pregunto, ¿Qué tiene que ver todo lo que he visto esta mañana desde el balcón de mi casa con la Andalucía que amo y venero como mi tierra?. ¿Qué tiene que ver esa patulea gritona e ignorante, (evidentemente, voz de algún amo en la sombra), con la Andalucía que antaño se promocionaba como una tierra vieja y sabia?. ¿Qué tienen que ver los promotores de este carnaval grotesco y malintencionado con los hombres del sur de España que a lo largo de la Historia demostraron el amor a su Patria y a la tierra que los vio nacer?.

            Soy andaluz, digo, y como tal y porque soy andaluz, soy de la misma manera español. Y porque soy español, me repugna a más no poder lo que se ha dado en llamar “el andalucismo”. La leyenda negra de la Andalucía pobre, explotada, sumida en la miseria por los “señoritos” que chupaban la sangre del pobrecito jornalero, las penurias del campesino vejado y esclavizado que regaba con su sudor los surcos de su arado de sol a sol a cambio de las migajas de la mesa del rico terrateniente no son más que milongas y cuentos de Calleja. No digo que no hubiese parte de verdad en todo ello, pero niego absolutamente que esa fuese la verdad de Andalucía. ¿Acaso no pasaba también algo de eso en el campo extremeño, en las llanuras de la Mancha, en los campos de Castilla ó en la industria textil catalana?

Una tierra que dio emperadores a Roma, califas al Islam, reyes sabios a Castilla, descubridores al Nuevo Mundo, luminarias a la Cristiandad y premios Nobel a las letras españolas, que manaba leche y miel de sus entrañas tartésicas cuando en el resto de España todavía andaban en la prehistoria y que fue centro y vida del orbe católico como puerto y puerta de Indias siendo la capital del Mundo, no puede ser prostituida de esta manera por la herencia paranoica de un notario resentido y apóstata cuya máxima en la vida fue la de renegar de todo lo español.

No, señores políticos. No, señores sindicalistas. No, liberales de nuevo cuño. No, juventud andaluza. Andalucía no es eso porque Andalucía está muy por encima de toda la tergiversación histórica que viene sufriendo desde el siglo pasado. Andalucía no es la bandera del Betis, ni las gafitas de Blas Infante, ni el mal uso que se le está dando al Palacio de San Telmo, ni el trapo palestino en el pescuezo de Sánchez Gordillo, ni el atraco a supermercados por parte de desarrapados ignorantes, ni un alcalde traidor y vacío de ideas cantando un himno cuya música fue antaño un canto eucarístico, ni un profesor de colegio parroquial aleccionando en voz en grito a los alumnos enalteciendo la “libertad” de Andalucía, ni un desayuno andaluz de pan con aceite y azúcar, ni un parlamento donde los parlamentarios se ponen “verdes” desde sus escaños y después se ponen “morados” en el restaurante de turno a costa de los contribuyentes. Andalucía no son esos ¿poetas? homosexuales que vivieron en Nueva York ó los que se exiliaron para volver en loor de multitud para ocupar un escaño comunista en el Congreso de los Diputados y nunca se quedaron como marineros en la tierra que los vio nacer, ó aquellos otros que decían añorar su infancia en los patios de Sevilla y fueron a morir en Colliure después de pasar por los campos de Castilla.

Andalucía es mucho más que eso y ustedes no pueden entenderlo ni quieren admitirlo. Vuestro andalucismo es producto del resentimiento, del odio, del complejo de inferioridad, de la ignorancia. Vuestro andalucismo es un engendro sin Historia que trata de adoctrinar a nuestra juventud machacándola, como un martillo pilón, cada día, cada mes, cada año, con una serie de celebraciones sin sentido tergiversando la realidad histórica de una región cuya imagen ha sido siempre el santo y seña de España en el Mundo. Vuestro andalucismo me provoca nauseas porque es una historia imaginaria, soez y ramplona donde tiene cabida lo más repugnante de las ideologías políticas liberales y donde se omite lo más genuino del sentir andaluz. Es un andalucismo que ha renunciado al denostado individualismo de pandereta para incrustarse en el colectivismo de una charanga sin sentido donde sólo caben reivindicaciones políticas de nuevo cuño, ataques a lo más sagrado de nuestra Tradición y milongas nacionalistas que nunca tuvieron arraigo en nuestra región.

Vuestro andalucismo es mentira. Como mentira es también toda la parafernalia creada en torno a vuestro movimiento reivindicativo. Como mentira son los políticos que lo animan y lo difunden. Como mentira son los seguidores que, como borregos, os siguen con la bandera del Che Guevara buscando un protagonismo que no les pertenece. Andalucía no es eso. Al menos, la Andalucía que yo amo y en la que vivo.

 

 

Manuel Nieto de Nevares

 

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1 respuesta a "28-F. Día de Andalucía"

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