Política y caridad (IV)

Que la Iglesia Católica condene el Liberalismo y todas sus secuelas no quiere decir que, de igual forma, condene a la política y a los encargados de ejercer el poder político. Generalmente, cuando la Iglesia, mediante su Magisterio, opina sobre cuestiones de índole social siempre se la suele acusar de “inmiscuirse en cuestiones políticas” cuando la realidad es precisamente la contraria. Son los propios ejercientes del poder político quienes se inmiscuyen en cuestiones de índole moral para legislar y legalizar cuestiones completamente amorales e inmorales. De ahí que no todo lo legal tenga que ser necesariamente moral.

            Si, como decíamos en la primera parte de este artículo, la política es aquella actividad humana que tiende a gobernar en beneficio de toda la sociedad buscando para ello el bien común de la misma como expresión del amor del hombre con sus semejantes correspondiendo así al Amor Divino; es claro que el correcto ejercicio de la política conlleva unas dosis de Caridad que deben ser inherentes a la propia política. La ausencia de Caridad en la política liberal es precisamente el factor que lleva a los liberales a condenar a la Iglesia Católica cuando ésta ejerce su Magisterio al opinar sobre las cuestiones sociales. Y eso es lo que les duele porque, si bien necesitan de esas dosis de caridad, son incapaces de encontrarla dentro de su propio pensamiento.

            Hace unos días oí por la radio el siguiente comentario: “La incompetencia de los políticos actuales ha provocado la aparición de grupos anti-sistemas que cuestionan el Sistema Democrático, cuando en realidad, la desaparición de este Sistema nos llevaría inexorablemente al Totalitarismo, al Autoritarismo ó a la Anarquía”. ¡¡Falso!! . ¡Esa es la eterna cantinela de los que ostentan el poder político y de los que recogen las migajas de las mesas donde los liberales se ponen “hasta las trancas” a costa del pueblo!. Es el eterno discurso del paniaguado y del ignorante, del déspota y del tibio, del “listo” y del torpe. Es la eterna postura del que tiene la sartén por el mango y teme que puedan arrebatársela. Es la cultura del miedo…

            Que el Sistema está exprimido y agotado es algo que hasta los más “demócratas” se están viendo venir a pasos agigantados. Que la “democracia moderna al estilo occidental” es nido y cantera de políticos mangantes es algo que, a estas alturas, está ya fuera de toda duda. Que los liberales de izquierdas son lobos revolucionarios con piel de cordero tolerante es algo archisabido. Que los liberales de derechas son una caterva de engañabobos acomplejados sin programa político alternativo es algo que ya no merece comentario. Que el “ciudadanito de a pié” vota siempre “al menos malo” porque ninguno de los partidos con representación los representa realmente es algo que ya se está viendo en nuestras calles. Que la gente ha perdido su confianza en la casta política es algo que se sabe en todos los rincones de la Zarzuela, la Moncloa y el Congreso de los Diputados. Y que el político de hoy está empezando a tener miedo porque peligra su “mamela” es algo que ya se habla en las todas las barras de nuestros bares. Hasta ahora, en España la reacción anti sistema ha sido medianamente “pacífica” porque quien figura en vanguardia de esa reacción no son más que “perroflautas, okupas y piojosos”. En Inglaterra, la reacción ha sido muchísimo más dura. No vamos a entrar ahora en dilucidar quién ó qué cosa está detrás de estos movimientos anti sistemas, pero el fenómeno está ahí. Y todo es producto de la falta de Caridad en la política. Es consecuencia de haber apartado a Dios en el ejercicio del poder político.

            Estamos en el borde del precipicio. En el final de una “era política” donde los actuales sistemas de gobierno, y en particular la “democracia moderna al estilo occidental” está dando las boqueadas. Tal vez esto también esté dirigido desde algunas esferas de poder… ¿Y después de esto, qué?. ¿El Totalitarismo, el Autoritarismo y la Anarquía?. Puede ser sí, si continuamos dejando a Dios fuera de nuestro proyecto político y dejando que la Caridad no se asiente en la futura forma de actuar en Política. Si por el contrario, el católico da un paso al frente y, actuando como católico, se implica en los futuros proyectos políticos es posible que todavía no esté todo perdido.

            Ya el Papa Juan XXIII en la Encíclica “Pacem in Terris” exhortaba a los católicos a participar activamente en la vida pública y a colaborar en el progreso del bien común de todo género humano y en el de nuestra propia nación. Por ello, el católico está llamado a dar a la política un estatuto auténticamente humano buscando una política que, teniendo a Dios como fundamento, ponga a la persona humana en el eje de sus esfuerzos; respetando los derechos fundamentales, especialmente el de la vida; una política que sirva al bien común, inspirada en un humanismo integral y solidario, que sea subsidiaria de los cuerpos sociales intermedios, especialmente de la familia. Es necesaria una política que se detenga cuando encuentre valores anteriores a ella, que sea transcendente y que esté enriquecida por los valores de la verdad, de la justicia, de la libertad y de la Caridad. Es necesaria una mirada al pasado porque el presente nos está llevando a un futuro sin salida. Es necesario un proceso de regeneración y reciclaje político que nos devuelva los valores tradicionales que la revolución liberal se está encargando de aniquilar. Mirar al pasado no significa retroceder, sino hacer que la sociedad asuma y sea consciente del fracaso de una forma de ejercer la política ajena a Dios y al propio hombre.                                                                                           (Sigue…)

 

Manuel Nieto de Nevares

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