El ejemplo de Hungría

En esta Torre de Babel libertaria que es Europa desde que dejó de llamarse Europa para pasar a llamarse Unión Europea, nos encontramos con que, como dijo en su día Alfonso Guerra, “el que se mueve no sale en la foto”. Quiero decir con ello que el formar parte de esa Unión Europea, (que de verdadera unión tiene lo que yo de liberal…), conlleva el pago de un precio y un moderno vasallaje de cada país con respecto a la moderna entidad globalizante. Este vasallaje lleva a los países integrantes, (por lo menos a España, que si fuéramos franceses ó alemanes, otro gallo cantaría), a la renuncia expresa de gran parte de sus tradiciones, de su sistema económico, de su producción agraria, de su modo de vida y de sus costumbres. Dentro de todo eso, como es lógico, la Religión no se libra de la quema… Todo en Europa se ha convertido en una auténtica mescolanza amorfa alimentada por unos ideales abstractos y ajenos a cada país en la que, o te zambulles de lleno, ó dejas de ser “europeo”. Como es lógico en esta asquerosa época en que vivimos, todos los países se han arrojado de bruces y sin red en esta pestilente piscina por temor a quedarse “fuera de Europa”.

Pero “héteme aquí” que a esta modernísima y brillante Europa le ha salido una verruga en toda la punta de su nariz. En este proyecto europeizante no caben sentimientos patrióticos. Las Patrias ya no existen. Sólo existe la piscina putrefacta europea. Tampoco existen las verdaderas Monarquías. Hoy los reyes son peleles que a la voz de su amo libertario, se limitan a firmar cuanto se le pone por delante so pena de ser derrocados de sus tronos de paja. Para no existir, ya no quieren que exista ni Dios. El laicismo es la religión de la nueva Europa. Pero, mire usted por donde, a esta nueva Barbie light, atea, apátrida, masona, brillante, tolerante, dialogante y aberrante le ha salido una verruga donde menos podría figurarse: en uno de los antiguos países satélites de la Unión Soviética. ¡Toma castaña!.

El pasado día 18 de Abril, el Parlamento húngaro aprobó con 262 votos a favor, 44 en contra y una abstención el texto de la nueva Constitución de Hungría cuyos ejes fundamentales son el reconocimiento de las raíces cristianas del país, la defensa del matrimonio y de la familia formada entre hombre y mujer, de la libertad educativa, de la vida y de la dignidad humana entendiendo que “la vida del feto será protegida desde su concepción”, el derecho a la legítima defensa, la protección de la propiedad privada, la prohibición de la eugenesia y la instauración de la cadena perpetua como pena máxima sin posibilidad de libertad condicional. Con esta Constitución, que entrará en vigor el próximo día 1 de Enero, Hungría disuelve definitivamente sus últimos vínculos institucionales con el comunismo y vuelve su mirada a su propia tradición.

Evidentemente, la aprobación del nuevo texto constitucional ha sido criticado por todos los “lobbys progres” habidos y por haber desde dentro y desde fuera del propio territorio húngaro, sobre todo por parte de los grupos abortistas y activistas homosexuales de todo el Orbe; pero a ver quién es el valiente demócrata que se atreve ahora a cuestionar la validez democrática de la democráticamente votada Constitución húngara. ¿Ahora, qué?. Hungría no sólo rompe definitivamente con su pasado comunista, sino que recupera sólidamente unos valores occidentales básicos e históricos que el resto de países “democráticos” europeos tiende a olvidar.

Pero lo que ya es como para que le den orejas y rabo al Presidente húngaro es que, con dinero proveniente de los fondos recibidos del programa “Progress” de la Unión Europea, el Gobierno de Hungría ha promovido una campaña a favor de la vida consistente en la elaboración de unos carteles que representan a un niño no nacido diciendo a su futura madre: “Entiendo que no estés preparada para tenerme, pero piénsatelo bien y dame en adopción. ¡Déjame vivir!”. Los carteles llevan el logotipo del programa y la bandera de la Unión Europea, lo que ha hecho que, aparentemente, la propia Unión Europea esté vinculada a esta Campaña a favor de la vida.

Consecuentemente, la Unión Europea, indignada por la campaña pro-vida y el uso de fondos del plan para la inclusión social en estos menesteres se ha rasgado las vestiduras. La Comisaria Europea de Justicia, Viviane Reding, ha dicho que la campaña “va en contra de los valores europeos” y ha advertido que si Hungría no retira la Campaña, “la Unión comenzará el procedimiento para cancelar el acuerdo y tomar las medidas adecuadas, incluidas las financieras”. El Primer Ministro húngaro, Viktor Orban le ha respondido que la campaña tiene como objetivo la “promoción de familias equilibradas” y que si la Comisión Europea no acepta este razonamiento, también Hungría adoptará las “medidas adecuadas”. ¡Ole, Sr. Orban!. “Pa” chula tú, chulo yo, Sra. Reding. ¿A ver quien se ha creído que es una Comisión Europea de nada para inmiscuirse en los asuntos propios de ningún país?.

Muchos dirán ahora que Hungría todavía no tiene las bases de su “democracia” lo suficientemente sólidas como para pertenecer a la Unión Europea, pero a uno se le queda un regusto dulcísimo al ver que, aún hoy, existen en la vieja Europa algunos gobernantes, (desgraciadamente pocos y en un país tan lejano y tan poco “importante” a nivel “europeo” como Hungría), con redaños suficientes como para plantarle cara al lucero del alba en defensa de los intereses de su tradición patria. Anda, que igualito que aquí…

 

Manuel Nieto de Nevares

2 comentarios en “El ejemplo de Hungría

  1. Pingback: Anónimo

  2. Magnífico. Envidia que me entra, sin duda.
    Como veo que lo mismo nos da por votar al Sr. Rubalcaba (no descarten, desgraciadamente, nada), es posible hasta que me haga Húngaro.
    Parte siempre fundamental del Sacro Imperio (del que fuimos parte importantísima) o de la doble monarquía, parece que aun perdura la cordura y la sensatez.

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