La Caja de Pandora

Mucho se ha hablado estos años, y se seguirá hablando, de terrorismo islamista. Mucho se ha hablado de Bin Laden, de Afganistan, de los talibanes, del integrismo musulmán, de chiíes, de suníes y de la yihad; pero todo lo que se ha hablado y escrito hasta ahora de estos temas no sobresalía del espíritu intrínseco de lo que es el mundo islámico y lo que se enseña en las madrassas a la voz del Profeta.

            Hasta ahora, todos los sucesos del 11-S, del 11-M, del terrorismo suicida, de los aviones kamikazes y de las guerras iraquíes y afganas habían sido episodios esporádicos. Tristes, terribles, execrables y condenables desde todos los puntos de vista, pero esporádicos en definitiva.

            Estos días nos despertamos al toque de corneta de la revolución “democrática” en el mundo árabe. Es como si una nueva “tormenta del desierto” con afanes revolucionarios de espíritu occidental hubiese cimbreado los cimientos de la cultura de Averroes con el ánimo de descarnarla de su impronta feudalista para integrarla de golpe en la torre de Babel liberal que infectó a Europa en el siglo XIX, y esto es peligrosísimo.

Siempre se ha hablado de China como el gigante asiático hasta el punto de existir la recomendación popular de “no despertar al dragón dormido” con corrientes extranjeras por el peligro que ello conllevaría para el mundo occidental dado su enorme bagaje cultural y su carácter de potencia mundial en la sombra. No ha hecho falta despertarlo. Se ha despertado él solito y la prueba la tiene Occidente en la “invasión pacífica” que sufre plácidamente en estos momentos la economía europea y americana, llena hasta las trancas de tiendas de conveniencia regentadas por orientales. Evidentemente, África no le interesa nada a los chinos porque no van a sacar tajada económica de ella.

Tres cuartos de lo mismo podríamos encontrarnos si, como así parece, el otro gigante en la sombra, el “gigante islámico” despierta también de su letargo desértico; pero con dos diferencias fundamentales e importantísimas: la proximidad a occidente y la virulencia del carácter musulmán.

            Vemos en estos días como prácticamente todo el norte africano se moviliza “popularmente” pidiendo a gritos la democratización de la zona. Todo el arco africano del “Mare Nostrum”, desde Marruecos hasta el más alejado Yemen, pasando por Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán y Arabia Saudí sufre una “fiebre democratizadora” antinatural para esos países. Y digo antinatural porque el sistema que en Europa se llama “democrático” es algo ajeno y contrario al sistema de vida musulmán. Y lo peor de todo ello es que tanto Europa como América, cual Lawrence de Arabia redivivo, aplauden y se congratulan de la aparición de estos cambios.

            No nos paramos a pensar que, si traicionero y convenido es un “morito” que cuida cabras en los peñascos del Atlas, siempre peligroso en su modo de vida, cuánto más peligroso será un sistema de gobierno aupado al poder “democráticamente” por un populacho exaltado y visceral que, se quiera reconocer o no, tiene por santo y seña la guerra santa grabada a fuego en su frente y el anhelo exterminador de los infieles que no acepten el Corán. ¿Se da cuenta Occidente del potencial peligro que se cierne sobre él a las mismas puertas de su casa?.

            El moro sojuzgado y “aparentemente” analfabeto que pastorea cabras no es peligro para la civilización occidental mientras se halle bajo la dictadura de cualquier jeque ó sultán “podrido” de petrodólares. Es lo que siempre conoció, a lo que está acostumbrado en incluso le rinden devoción a los cuadros del “tirano” que tienen dentro de sus “jaimas”. El moro “liberado”, (aquí tenemos otra vez a la Revolución Liberal), dará rienda suelta a su liberación poniendo en el poder a cualquier líder exaltado (tipo Irán), que a ciencia cierta podrá en jaque al Mundo a las primeras de cambio. Y no olvidemos que ellos tienen el dinero y el petróleo. En definitiva, tienen a su alcance el poder para destruir lo que hoy conocemos como “civilización occidental”.

            Y mientras tanto, nuestros gobernantes diciendo sandeces sobre la “Alianza de Civilizaciones”. Obama aconsejando a los líderes tiránicos actuales que dejen el poder de forma pacífica y dejen el paso libre a la democratización árabe. El rey de Arabia Saudí “relajando” su sistema de gobierno. Túnez bañada en sangre en pro a “su” democracia”. Yemen vuelta del revés. Gadafi agazapado en Libia esperando acontecimientos. Y el Mundo Occidental dilucidando si serán “galgos ó podencos” mientras deshoja la margarita de una crisis económica sin precedentes en la Historia.

            ¡Ojo!, que la caja de Pandora ha estado históricamente cerrada y tiene visos de abrirse en un futuro no muy lejano. Al-Andalus empezaba en los Pirineos y somos los más cercanos al peligro que nos amenaza. De momento, la oleada invasora de pacíficas pateras del moderno “Tarik alahuí” no dejan de llegar a nuestras playas, todavía hay ineptos andaluces que enarbolan la bandera blanca y verde y prolifera la construcción de mezquitas en nuestra tierra. Cuidado, que cuando nos demos cuenta volvemos a tener la media luna coronando nuestra Giralda…

                                                               Manuel Nieto de Nevares

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28 respuestas a "La Caja de Pandora"

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